
¡Ahí está! Oculto entre la maleza y rodeado de pinos, aguantando el paso del tiempo, sin ayuda de nadie y olvidado por todos: el Dolmen de la Lancha. Este monumento funerario perteneció a los primeros pobladores de estas tierras hace unos 5.000 años. Sin duda, otro de los grandes tesoros ocultos que tiene Nerva.
Los restos del ajuar funerario que quedó, tras los saqueos a los que fue sometido a lo largo del tiempo, se muestran hoy en el Museo Minero de Riotinto. Pero su huella aún perdura aquí, como una cicatriz de un tiempo pasado, muy, muy lejano.
Desde este punto sale un camino rural que te lleva directo hasta el cañón del río Tinto. Por el camino puedes encontrar numerosas crestas y afloramientos rocosos de los que, muy probablemente, se extrajeron en su día las grandes piedras para su construcción. ¡La vista de nuestra tierra desde esta zona es sencillamente espectacular!
Te dejas llevar por el contraste de colores: el ocre de la tierra; el azul del cielo; el rojo del Tinto; el verde del entorno, salpicado de algún violeta intenso de los cardos silvestres. De repente… camuflada por su plumaje… aparece en el suelo una pequeña cogujada o alondra.
Y disfrutas de su presencia hasta que decide reanudar sus prácticas de vuelo bajo la atenta mirada de su madre, que no deja de llamar la atención para que nos olvidáramos de su pequeña.
Sorpresas maravillosas que te deparan los senderos de estas tierras.
¡Disfrútalos!
