
El incendio que afecta estos días a la zona de Niebla también se ha hecho notar, y mucho, en Nerva. Aunque aquí no hemos tenido que enfrentarnos directamente a las llamas, el humo ha ido ganando presencia en el cielo y el fuerte olor a quemado se ha instalado durante horas en las calles del pueblo. A eso se suma la caída de ceniza, visible sobre coches, terrazas y espacios al aire libre. Una sensación extraña, de esas que hacen que uno mire hacia el horizonte buscando de dónde viene ese humo y preguntándose cómo estará evolucionando el incendio.
Pero mientras en Nerva lo vivimos desde la preocupación y la incertidumbre, la situación ha sido mucho más dura para nuestros vecinos de Berrocal y para algunas aldeas de Zalamea la Real, donde el fuego sí ha llegado y ha obligado a vivir estas horas con mucha más angustia fuera de sus hogares.
Desde Nerva hemos seguido el avance del incendio con esa mezcla de preocupación y esperanza que acompaña siempre a estas situaciones. Porque aunque las llamas no hayan llegado hasta aquí, el incendio también se ha hecho presente en nuestro pueblo: lo hemos visto, lo hemos olido y, literalmente, lo hemos respirado.
Estas imágenes son solo un pequeño testimonio de cómo se está viviendo el incendio desde Nerva. Ojalá pronto sean únicamente eso: el recuerdo de unas horas difíciles y el principio del final de este incendio.
Mi solidaridad está con todas las personas que han visto amenazadas sus casas, sus pueblos o sus medios de vida. Y mi reconocimiento y agradecimiento a todas las personas que, desde tierra y desde el aire, están trabajando para contener las llamas y proteger a la población y nuestro entorno. Bomberos, INFOCA, Guardia Civil, Policía Local, Protección Civil, Cruz Roja, servicios sanitarios, Ejército, voluntarios y tantos otros que están poniendo su esfuerzo en una situación que siempre es mucho más difícil de lo que podemos imaginar quienes la contemplamos desde fuera.
Y cuando todo esto termine, quedará también una pregunta que no deberíamos olvidar: ¿cómo ha podido ocurrir? Será necesario esclarecer las causas del incendio y, si ha habido alguna actuación humana detrás, que se depuren las responsabilidades que correspondan. Pero, sobre todo, deberíamos aprender de cada incendio para mejorar la prevención y evitar que vuelva a repetirse, como ya ocurriera por estas tierras en el gran incendio de 2004 (Riotinto-Berrocal) ó 2018, el más reciente declarado en Nerva. Porque detrás de cada columna de humo hay mucho más que un paisaje quemado: hay personas, pueblos, recuerdos y una parte de nuestro territorio que difícilmente vuelve a ser la misma.
