“…Juan…Acabamos de despedir a El Persia”. Este fue el mensaje que ayer por la noche me pasó por whatsapp el amigo Juan Carlos León. Al instante, comenzaron a surgir a borbotones los recuerdos: sus interminables conversaciones, repletas de mil y una historias, que contaba cuando pasaba a saludarme por la radio; sus magníficas postales de óleo hechas a mano para felicitarnos la Navidad; su fuente inagotable de información sobre determinados hechos históricos de nuestra localidad; sus proyectos; en definitiva, su vida. “Que la voz no se apague nunca”, me escribía. Yo le respondía, “Los recuerdos. Esos son los que permanecen para siempre”.

Postales enviadas a la radio de Nerva por El Persia. Fuente: Juan A. Hipolito

Se llamaba Eugenio León Romero, pero todo el mundo lo conocía como El Persia. Un personaje singular, irrepetible, con una vida plena e intensa que ahora llega a su fin después de 95 años de existencia. Hombres como estos nunca mueren. Siempre permanecerán en el recuerdo de cuantos tuvimos la fortuna de llegarle a conocer, así como de quienes sabrán de él por referencias verbales y reseñas.

El Persia en su exposición de 2012 en la Cervecería Robles. Fuente: Juan A. Hipólito

Hace 7 años, por estas mismas fechas, tuve el placer de contar para nuestra emisora de radio y televisión municipal, Onda Minera, y para el periódico de la capital, Huelva Información, sobre la muestra pictórica que expuso en la Cervecería Robles.  Se trataba de una serie de obras recopiladas por su hijo, el periodista Juan Carlos León.

Se nos va un personaje peculiar con una vida llena de matices. El Persia no se consideraba pintor, con todas las connotaciones que esa palabra engloba en una tierra de artistas como la de Nerva. Pero el simple hecho de ser y sentir la localidad minera como pocos, le dio pie a coger un día el pincel y no parar desde entonces.

Extrovertido, descubrió la pintura cuando se jubiló y rondando los 90 años,, aún seguía pintando. Servilletas, cartones, papeles, cualquier soporte era bueno para expresar lo que siempre llevó dentro y que su agitada vida le impidió interpretar. Volvía a Nerva cada verano, desde Madrid, donde terminó por afincarse.

Su apodo, El Persia, lo heredó de su suegro que al grito «¡Dátiles de Persia, vendo dátiles de Persia!» se quedó en los años de la República con un mote conocido en la Cuenca Minera y en la Sierra. 

D.E.P.

CC BY-NC-ND
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